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A todos los personajes que me han importado

Recientemente ha muerto uno de mis personajes. Lo peor es que no puedo decir que no me importe, ni que hiciese algo digno y mucho menos que su muerte fuese épica o al menos interesante (uno de los jugadores se refirió a su muerte de este modo: «lo han trinchado como a un pavo»). ¿Y sabéis lo peor de todo? Que siento que el sistema me ha fallado y que no he conseguido mis objetivos como jugadora: no me he divertido durante esas dos sesiones y no he contribuido a crear una buena historia entre todos.

Supongo que cuando empecé a jugar al rol, con unos catorce años, lo que más me importaba era jugar, pasarlo bien y luego hacer otra cosa igual de molona ese día. No creo que pensase mucho en la historia porque, y esto es una gran espina que tengo clavada, no recuerdo a todos aquellos personajes que creé para los distintos juegos a los que he jugado. Pero siempre hay un punto de inflexión, si no, no estaríais leyendo esta historia, y fue cuando conocí a algunos de mis amigos actuales.

Gracias a Alberto conocí otros sistemas, otros mundos. Esto amplió mis miras (bastante escasas por aquel entonces), me animó a probar todas aquellas posibilidades, aunque fuese solo un poquito. Pero el gran «boom», el que ha hecho temblar hasta los cimientos, fue la llegada de Ehedei; no tanto por sus juegos y sistemas, que también, si no por su reflexión continua acerca del rol y la narrativa en general. Y ambos han cambiado mi forma de ver el mundo y los juegos de rol.

Tengo la sensación de que mi «consumo» del rol ha cambiado. Por hacer un símil sencillo, antes era como sentarse en el sofá, poner la tele y ver lo que echen, sin pensar mucho en la película, solo para pasar el rato. Desde que los conocí, me paro a leer los juegos con calma, escogiendo tanto temáticas como sistemas, buscando conocer cosas nuevas e incluso convirtiéndome en mecenas de nuevas propuestas. Quizá suene pretencioso, pero siento una «madurez» en cómo enfrento el rol en general (y, aún así, me falta mucho por recorrer como jugadora). Volviendo al símil de antes, ahora me veo ante la cartelera (del cine o Netflix), leyendo la sinopsis de las películas, buscando a mis directores y actores favoritos y escogiendo activamente qué ver. Por supuesto no digo que esta sea «LA FORMA» de hacer las cosas, sino que para mí ya no funciona aquello de sentarme a ver qué echan en «el rol», ni siquiera en las jornadas: siempre que escojo, que decido, tengo experiencias más placenteras que dejándome llevar (salvo una deshonrosa excepción en unas jornadas, pero esa es otra historia). Ya no soy aquella chavalilla que quedaba para «partida y copas» y en algo se tenía que notar.

Tengo un vago recuerdo de todas aquellas partidas, o eso creo. Recuerdo que algunas fueron de una sesión (como la «tecnofrikada» aquella para La llamada de Cthulhu y un par de Fanpiro), otras fueron de una única aventura (como «La ceremonia del samurái» para la primera edición de La leyenda de los cinco anillos, supongo que todas las partidas que he jugado de Vampiro), incluso aquellas partidas que no pasaron de la creación de los personajes (de estas he perdido la cuenta) y cuando llego a preguntarme si de verdad he jugado campañas antes de conocer a Alberto y Ehedei, tengo un vacío que bien podría llevar a las fauces de un sarlacc. ¿Las veces que he jugado a D&D, con al menos tres directores diferentes, llegaron a estar unidas en forma de campaña? ¿Por qué apenas recuerdo cosas salvo escenas aisladas? Recuerdo razas y clases, pero no nombres. Recuerdo a la pícara humana que saltó sobre un golem para arrancarle un ojo enjoyado y creo que intentó rajar el vientre de una bestia desplazadora (¿o fue quizá el clérigo de mi compañero el que hizo esto?). Recuerdo a la exploradora elfa que se volvió loca por un ritual (¿era El templo del mal elemental aquello? ¿Quizá Retorno al templo del mal elemental?); también recuerdo, creo que en la misma aventura, a un dragón blanco cerca de un lago que se había comido al guerrero enano del grupo, pero que consiguió huir del vientre de la bestia gracias a una baraja mágica. De los personajes de Vampiro me suenan ciertos clanes (Toreador, Nosferatu, Gangrel) pero no consigo recordar nada destacable sobre ellos o de las aventuras del grupo, ni siquiera qué se supone que estaban haciendo o tratando de conseguir. ¿Por qué fueron tan poco memorables todos estos personajes que solo consigo recordar retazos de sus vidas? ¿Tan sosas fueron sus existencias?

Con el cambio de grupo recuerdo más aventuras, mejor hiladas y los detalles tienen más color. Seguramente el personaje al que más cariño tenga sea Bruce Maroni, un agente del FBI, que junto a su compañero Liam O'Brian, el detective Jack Striker y el médico militar asesor llamado Jack Ryan, resolvieron varios casos «especiales» durante los años treinta en El rastro de Cthulhu. De esta pequeña campaña tengo varias notas, aunque no tantas como mi amigo David (el jugador de Liam), y recuerdo bastante sobre Maroni. Quizá la diferencia más significativa es que la creación de este personaje fue algo más que rellenar puntos en un papel y empezar a mover mi marioneta de un lado a otro. Quería que Maroni tuviese vida: tiene familia, tiene aficiones, tiene creencias. En partidas posteriores a este juego he tenido claro qué hubiese hecho él de haber estado presente... y quizá hasta hubiese intentado ligar con Molly Payne, mi querida buscadora de libros.

Mi otro gran amor es Lisipe, la fiera amazona de Bestias y bárbaros (aunque jugamos la partida con el sistema de Conan de Modiphius). Comenzó sirviendo a los lobos de la frontera, protegiendo caravanas, luchando contra pictos y enfrentándose a tumularios. Ha derrotado a hombres, ha festejado hasta caer borracha y se ha dejado seducir por los mejores cantos de sirena, pero desde luego no puedo decir que la vida de Lisipe haya sido aburrida en ningún momento. Incluso sus grandes errores pesaron en mi corazón al terminar las sesiones de juego.

Obviando la magistral interpretación de David con Liam O'Brian, los personajes que recuerdo más «vivos», con más detalles, suelen ser los de Ehedei por los motivos que he mencionado. Por ejemplo Iván Danko, su personaje de Mutant Chronicles, era un Whitestar nacido en la Tierra y obsesionado con los mutantes. Pero Iván también era una buena persona que tan pronto ayudaba a un buen hombre a salir de una mala vida, como rescataba a una chiquilla o colaboraba con Becky y sus obras de caridad. Iván tenía una familia, unos ideales y unas motivaciones claras. Sabías que Iván iba a ser implacable con los criminales y compasivo con los inocentes. Quizá no era la persona más sutil, pero era el mejor agente que te podía cubrir las espaldas en las calles de Luna. Llegamos a CONOCER realmente a este personaje y yo me encariñé mucho con él.

¿Y qué tiene que ver todo esto que nos has contado con la muerte de tu personaje? Bueno, con la mencionada espina aún clavada quise hacer algo diferente ahora que tenía una nueva oportunidad de jugar a D&D en la asociación (¡y encima con un amigo de aquellos viejos tiempos!). Así que esta vez quise hacer un personaje sencillo a nivel de reglas, pero que tuviese una historia y pudiese decir sin dudarlo qué tipo de cosas le gustarían. Opté por hacer una enana guerrera y tomar como inspiración a Violet del cómic Rat Queens (del que ya os hablé). Al final el concepto de personaje cambió bastante, aunque imaginé a Jynrin Madsen como una joven pelirroja adolescente combatiendo con una espada y un escudo y honrando a su familia (biológica y adoptiva). Ehedei me ayudó a crear una historia para el personaje a partir una idea que me había molestado del grupo de Whatsapp sobre la partida: uno de los jugadores hizo las típicas bromas racistas sobre los enanos y los elfos, así que quería darle la vuelta a aquello haciendo una enana muy especial, que estuviese enamorada de las historias de los elfos... aunque jamás hubo tiempo en partida para tratar este tema, ni ninguno sobre su pasado.

Jynrin se fue convirtiendo en algo más para mí mientras diseñábamos su pasado, dando pinceladas de cómo podría evolucionar y de algunos detalles emotivos como los últimos regalos de su madre y su padre antes de partir en busca de aventuras. Esta pequeña enana fue para mí algo más que ese conjunto de números que llenan su ficha y que es lo que el grupo pareció ver siempre: una CA, unos bonificadores y poco más. Nunca importaron sus rasgos de personalidad, sus ideales o sus defectos porque nadie pareció querer ver más allá de ese «bloque de carne» que estaba delante pegando espadazos en lugar de hachazos o que corría a defender a mujeres y niños mientras gritaba a los kobolds. Siento su patética muerte, a manos de esas mismas bestias, al mismo nivel que la de uno de los PNJ de la campaña de Bestias y bárbaros, donde Lisipe asesinó por error a la joven Kara tras haber olvidado usar una perla de loto por creerse superior a la magia. Lisipe había salvado a aquella joven de las garras de un grupo de pictos y ahora por mi culpa moría. Lisipe y yo lloramos a nuestra manera a aquella joven, aunque ella al menos pudo estrecharla entre sus brazos mientras daba rienda suelta a su dolor tras haber asesinado al brujo.

Tener todas estas fuertes emociones hacia mis personajes y sus vidas puede ser uno de los primeros pasos en la dirección que ansiaba: si me afectan sus vidas es que las siento como más reales, he conseguido superar la «suspensión de la incredulidad» para abrazar a estos personajes, estas personas, como si fuesen seres queridos cercanos. El siguiente paso será conseguir integrar estos sentimientos en la historia y darle mayor sentido y profundidad a sus decisiones, implicarme más como jugadora tanto en la trama como en sus vidas. En definitiva: crear una buena historia entre todos.

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4 Comentarios

  1. Yo hace poco retiré a un personaje de una partida de rol por foro porque estaba harto de que los directores de juego se cebaran con él y no le pasaran más que putadas. Lo interpreté durante casi una década y realmente llegué a conocerle y a quererle, con sus virtudes y defectos. Supongo que el destino de los personajes jugadores es vivir vidas interesantes pero no tranquilas. En cualquier caso, me alegro de haber podido darle a mi viejo personaje un retiro digno; creo que ahora será más feliz.

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    1. Gracias por tu comentario, Carlos. Yo también espero que tu personaje sea más feliz ahora :)

      Solo recuerdo un retiro en una de mis partidas y fue porque mi amigo se cansó de llevar al bárbaro semiorco tonto (pero muy tonto, que hasta la espada mágica era más lista) y le retiró en una posada, con la hija del dueño y un pequeño cerdo.

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  2. Actualmente estoy como jugador en una partida de Hombre Lobo que rompe todas mis convenciones de personajes inteligentosos y cuando roleo no pienso tanto en los puntos y me dejo llevar. Soy un Lupus entre Hominidos (un lobo entre humanos) aunque tengo otro compañero Lupus en la manada el es demasiado humano, incluso soy un Lupus de los Moradores del Cristal, la tribu mas "humana" de las tribus en el juego (por su afan por la tecnologia digo).

    Digo todo esto por todos los conflictos que lleva el personaje, el nacio y crecio como un lobo en un circo por lo que no sabe cazar, no sabe como actuar en manada, no sabe ser un lobo, pero su forma de ser sigue siendo bastante simple, muy animal digamos pero tambien le interesa mucho las cosas que hace la tecnologia, le parece natural las herramientas incluso las mas complejas, no sabe ni le interesa como funcionan pero le interesa lo que hacen, me gusta su choque entre lo humano y lo lobo, entre lobo espiritual y lo tecnologico y como concilia esas cosas con su mentalidad simplona, es bastante tonto el pobre pero salieron cosas muy interesantes hasta ahora.

    Si llegara a morirse este personaje sin que se desarrollase me sentiria bastante debastado, no es un personaje con un camino recto que sabe a donde ir, esta lleno de dudas (principalmente en temas del lenguaje humano y porque se complican tanto) aunque es bastante seguro de si mismo y su propia naturaleza Lupus, siento muy contradictorio todo cuando juego con el, cuando soy el y quiero que alguna ves resuelva sus problemas y ver a que llega.

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    1. Gracias por tu comentario, Matias.

      Conozco bastante la ambientación, así que veo bastante clara la situación y me parece un dilema interesante :)

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