Fragmento de "Mitología clásica y cuentos populares" de Vicente Cristóbal

El siguiente texto es parte del artículo "Mitología clásica y cuentos populares. Comentario al cuento de Periquillo" que escribió del Doctor Vicente Cristóbal López, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, para unas jornadas sobre Cultura Clásica. El artículo completo aparece en la siguiente obra: Mitología clásica: teoría y práctica docente, María Teresa Hernández Lucas, Madrid, Centro de profesores de Madrid Centro, ed. Clásicas, 1990.
"Mito y cuento popular son dos géneros, en sus orígenes, de narración oral que sólo secundariamente se han convertido en literatura. Las colecciones de cuentos de Perrault, los hermanos Grimm, Afanasiev o Espinosa son recopilaciones de relatos que circulan en la tradición oral y de los que ellos en absoluto son autores. En esto se diferencian las mencionadas colecciones e Andersen, por ejemplo, cuyos cuentos son inventados por el propio autor y carecen de tradicionalidad, aunque en gran medida sigan módulos de los cuentos tradicionales. La invención personal marca la frontera entre el cuento popular y cuento ficcional o novela corta. Así pues, un cuento popular o tradicional carece de autor individual: Perrault, los Grimm, Afanasiev, Espinosa son sólo transmisores. Los relatos se difundían, antes de ser recogidos por escrito, como vox populi, gozando de la aquiescencia de toda una colectividad, y sus orígenes, como los del mito, se pierden en la noche de los tiempos.

Mito y cuento popular son, pues, subcategorías -como también lo es la saga o leyenda- del concepto de “mito” en su sentido amplio y englobador. Mito, leyenda y cuento se oponen por igual, como tradicionales pero incomprobables y salpicados de elementos maravillosos, a la ficción y a la historia; mito, leyenda y cuento son susceptibles de coincidir en cuanto a sus temas y motivos. Pero hay unas diferencias entre estos tres géneros folklóricos, aunque éstas no siempre sean fáciles de trazar: la sacralidad inherente a los mitos sensu stricto está ausente de los cuentos; el protagonismo divino de aquellos contrasta con el protagonismo humano y a veces animal de éstos; también frente al carácter aristocrático de la leyenda, a la concreción de sus contenidos (encuadramiento del héroe en una determinada familia, región y época; ascendencia divina por parte de madre o padre) destacan los cuentos por su popularismo, por la indeterminación de tiempo y lugar, por el anonimato de sus personajes: los relatos cuentísticos no se encuadran en ninguna comunidad ni país ni tiempo determinado y, en cuanto al nombre de sus agentes, muy frecuentemente sólo tienen, en el mejor de los casos, un apelativo derivado de una característica circunstancial de su persona (Caperucita, Pulgarcito, Cenicienta), cuando no se trata simplemente de “el hijo menor”, “el príncipe” o la “madrastra”; son protagonistas los tipos más insignificantes, individuos pequeños o desvalidos, pero astutos, hermanos menores, gente de condición humilde, etc. Y frente al tono trágico predominante en la saga, que proporciona sus temas en la literatura clásica a dos géneros literarios caracterizados precisamente como tétricos y luctuosos, la epopeya y la tragedia, hallamos en los cuentos más a menudo la recurrencia al humor, a la burla y a la picardía ingeniosa, coincidiendo en ello con otro género no menos popular que el cuento, la comedia, que parece en muchos casos hundir también sus raíces en el acervo folklórico.

Hay otra importante diferencia que se ha señalado entre mitos y leyendas, por una parte y cuentos, por otra, y es la distinta función social que cumplen: mientras que el mito y la leyenda -narración sacra el primero, vinculada con la historia la segunda-, objeto ambas de la fe de una comunidad, dan cohesión y unidad a la misma, el cuento, sin embargo, profano y ahistórico, tiene como función social la de entretener y la de enseñar moralidades. Debido a ese carácter mucho más comunitario, compartido y oficial de los mitos y las leyendas, se comprende .y esta diferencia no ha sido señalada, que yo sepa- que formen un sistema coherente, histórico, genealógico, con sucesiones, relaciones e interferencias entre los distintos relatos, mientras que el cuento popular es una unidad autónoma y disgregada, cerrada en sí misma, completa, porque su narración es ocasional, potestativa y no sustenta la vida de la comunidad."

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