Maus ha hecho historia por varios motivos. En primer lugar, porque es el relato de Vladek Spiegelman y su familia durante el ascenso de los nazis al poder y un testimonio de cómo fue la vida en los campos de concentración; pero también por la forma en la que Art Spiegelman ha contado dicha historia: un cómic. Fue el primero que ganó el Premio Pulitzer en la categorÃa de Mejor obra de citaciones y Premio especial en 1992.
Maus rompió todos los esquemas con su publicación en los ochenta y, como dicen que la historia no se repite, pero rima, es una obra que nos sirve de recordatorio de lo que pasó y espejo de lo que está pasando en el presente. Quédate conmigo si quieres conocer un poco más sobre ella y su autor.
Art Spiegelman
Art Spiegelman, hijo de Vladek Spiegelman y Anja Zylberberg, nació el 15 de febrero de 1948 en Estocolmo, pero su familia se mudó a Estados Unidos en 1951. Art se crio en un barrio de Queens y se formó como historietista, aunque su familia querÃa que fuese dentista. Convirtió los cómics en su profesión desde los dieciséis, con un parón en 1968 debido a una crisis nerviosa por la que estuvo en un psiquiátrico. Poco después, Anja se suicidó tras la muerte del último hermano que le quedaba vivo y Art reflejó este suceso en el cómic «Prisoner on Hell Planet» en 1972, obra que aparece reproducida dentro de Maus.Procedente del mundo underground, Spielgelman destaca como editor en la revista Raw, que creó junto a su esposa Françoise Mouly, y como guionista e ilustrador de Maus. Existe un documental sobre él llamado Art Spiegelman: Disaster Is My Muse (2024), que está disponible en Filmin en el momento de la redacción de este artÃculo.
Maus apareció de forma serializada en Raw desde 1980 y se publicó el primer tomo, Mi padre sangra historia, en 1986 y en 1991 el segundo: Y aquà comenzaron mis problemas. La obra recibió notables premios como el de Mejor historieta en Angulema (1988), el Max und Moritz de Erlangen (1990), el Harvey (1992) o el Eisner (1992; además, Spiegelman entró en el Salón de la Fama de los Eisner en 1999), llegó a estar expuesta en el MoMa y su creador obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim.
Maus (1980-1991)
Guion e ilustraciones: Art Spiegelman
Traducción: Cruz RodrÃguez Juiz
Editorial: Reservoir Books
Número de páginas: 296
Cuarta edición, quinta reimpresión: marzo 2021
ISBN: 978-84-397-2071-3
Edición 40 aniversario: en dos volúmenes más la separata «El pasado se cierne sobre el futuro» con ISBN: 978-84-18897-00-9
Maus es la biografÃa de Vladek Spiegelman, un judÃo polaco superviviente de los campos de exterminio nazis, contada a través de su hijo Art, un dibujante de cómics que quiere dejar memoria de la aterradora persecución que sufrieron millones de personas en la Europa sometida por Hitler y de las consecuencias de este sufrimiento en la vida cotidiana de las generaciones posteriores.
Maus nos cuenta dos historias que se van entrecruzando. Por un lado, la de la relación entre Art y su padre durante todo el proceso de creación del cómic, con las visitas que le hacÃa y los momentos en los que le preguntaba sobre su vida para documentarse, que nos sirve de relato marco; y por otro, la de las vivencias de Vladek desde antes de conocer a Anja hasta que ambos se reencontraron después de haber salido de campos de concentración (Auschwitz y Birkenau, respectivamente).
El cómic anda a caballo entre la biografÃa, la historia y la (auto)ficción con momentos en los que nos da un toque de atención, como cuando Art le confiesa sus dudas a Françoise sobre cómo seguir con el libro y aquel rompe la cuarta pared diciendo que ella no habrÃa estado tanto tiempo callada o cuando Art le pregunta a su padre si es verdad que habÃa una banda tocando en el campo y esta aparece y desaparece entre las viñetas según Vladek va describiendo los hechos.La historia de Vladek comienza en Czestochowa (Polonia), donde era vendedor textil, y con cómo salió con Lucia Greenberg antes de conocer a Anja. Esta primera parte se centra en cómo fueron los primeros dÃas con la que se convertirÃa en su esposa, incluyendo el incidente de la carta de LucÃa para Anja.
Es en momentos asà cuando vemos la vulnerabilidad de los protagonistas en el presente, por ejemplo cuando Vladek pide que ciertas cosas no se incluyan en el libro de su hijo, por considerarlas poco importantes o incluso demasiado privadas, o cuando Art, al final de la primera parte, se enfada con su padre por la destrucción de los diarios de su madre y le llama asesino. Se puede decir que tampoco Art se corta en mostrar el lado menos amable de los personajes con Vladek siendo un tacaño de manual, Art mostrando poca paciencia con su padre o con Mala al borde de un ataque de nervios por culpa del trato de su marido.
A medida que avanza la trama de Vladek, vemos cómo la situación va desde la normalidad, hacia las primeras trabas y cómo va escalando el trato hacia los judÃos hasta que son apartados en guetos y luego enviados a los campos… los que no son asesinados a sangre frÃa en plena calle. En Maus hay momentos muy duros en los que se ve lo peor del ser humano, ya que no siempre se ayuda e incluso llegan a ser peores que los animales. Si bien apenas hay héroes que se arriesguen, también hay buenas acciones de algunas personas que apoyan e incluso ayudan a salir adelante a otras, a pesar de los riesgos. Son estos pequeños momentos los que te hacen creer en el ser humano y el apoyo mutuo.Si
bien destaca la crudeza de la historia contada por Vladek, tampoco es sencilla la parte del «presente de la obra», donde vemos las secuelas de cómo ha afectado la guerra y los campos a Vladek, Anja, Mala, e incluso al propio Art, a
diferentes niveles. Otro aspecto a destacar es la interacción entre familia,
individualidad y comunidad, tanto en cómo aparecen
representadas o cómo se tratan y cómo se
relacionan las tres; como por ejemplo, con la reacción de los vecinos al
enterarse de que Art y Françoise no se vayan a vivir con Vladek después
de que Mala se fuese de casa.
Quizá el concepto que más destaque sea el de trauma, en todos sus aspectos, y cómo lo gestionan los personajes durante la obra. El tatuaje que marca a las personas que han pasado por
un campo de concentración se muestra como ambivalente: es un recordatorio de lo vivido (y lo sufrido) y a la vez un orgullo que recuerda que esa persona ha sobrevivido. En ese sentido podemos ver la culpa del superviviente tanto en el padre como en el hijo.Por último, el uso del dinero,
su gestión, cómo se valora lo material durante y después de la guerra es algo importante y recurrente durante el cómic.
Es más llamativo este aspecto en Vladek, que es capaz de contar
pastillas de forma obsesiva o devolver paquetes a medias al supermercado, pero también
marca cómo se ve a los personajes: los que salen adelante porque tienen ahorros, los que no se salvan ni a pesar de su fortuna, el uso de la picaresca o cómo se trueca para salir
adelante. Vemos la economÃa en funcionamiento y cómo va cambiando la moneda durante la guerra, desde el dinero a la comida; con sobornos o trueques de comida básica o «lujos», como el chocolate. El padre es el
estereotipo del judÃo avaro, como menciona Art con resignación en la propia obra, que llega a guardar las cosas más raras por si acaso hacen falta o para ahorrar. Si bien podrÃa ser consecuencia de la guerra, vemos desde el principio como siempre fue práctico
(solo hay que comparar cómo son Anja o Mala y cómo es Vladek ante una misma situación). También hay que reconocer, que dentro de todo, Vladek tuvo bastantes ayudas, aunque era ingenioso,
práctico e inventivo.
Una de las cosas que más me llama la atención es el
trato que tiene Vladek hacia Mala, su segunda esposa y también
superviviente de los campos, y cómo Art no hace mucho por mediar en la
situación ni por recoger la experiencia de Mala de aquellos tiempos. También vemos como la guerra marcó profundamente a Art,
aunque no la viviese de primera mano, en parte por cómo quedaron marcados sus padres y en parte por el fallecimiento de su hermano
Richieu, aún siendo niño, quien se convierte en alguien ideal con el que compite de forma injusta. No se puede escapar de su figura siempre presente en aquella gran fotografÃa en el
dormitorio de sus padres.Al
conflicto generacional y los roces entre padres e hijos se suma que Vladek destruyese los diarios de Anja escritos en polaco durante el periodo de la guerra, por perder su testimonio y creo
que un poco también por perder esa parte de su madre que le habrÃa
ayudado a conocerla mejor. Se aprecia una brecha generacional en actos como la destrucción liberadora del padre que lo vivió (destruyendo objetos que le traen recuerdos dolorosos como la chaqueta del hijo o los diarios de su esposa) y el hijo que quiere saber su historia familiar. En la segunda parte vemos cómo se siente Art plasmando la historia, ya que considera que le queda grande y que es un «superviviente de segunda»
porque no estuvo allÃ. Casi parece sentirse culpable por no haber
estado con su familia en un momento tan duro y a la vez por vivir con un
privilegio que los otros no tuvieron. Para Art, tal y como señala varias veces en la obra, es todo
un reto cómo hablar del Holocausto.
En Maus se utilizan varias herramientas narrativas, desde la elección de animales antropomórficos en lugar de humanos, como los ritmos, lo que está presente y ausente, los cambios entre el presente y el pasado en la narración o el contraste entre los momentos cotidianos con los más emotivos o dolorosos.
La herramienta principal y más llamativa es el uso de estereotipos asociados a nacionalidades o grupos que se plasma en animales (ranas francesas, cerdos polacos, perros estadounidenses, el juego de gatos y ratones, la
asociación del judÃo con las ratas o algunos más llamativos como las polillas romanÃes) y esto se puede relacionar con la tradición de las fábulas y con clásicos como Rebelión en la granja. Nos
da cierta distancia (y respiro) con lo relatado. Quizá uno de los momentos que más me impactó fue la escena de cuando matan a un prisionero y a Vladek le recordó a cuando mataron al perro de su vecino.
Relacionado con el uso de los animales y los juegos que presenta está la
diferencia entre identidad (con los rasgos animales o la ropa) y la máscara (para hacerse pasar por alguien de otro grupo y representado por las
caretas animales o el cambio de vestuario, ya sea de «civil», el uniforme de los soldados o la ropa de los campos de concentración).Este elemento da juego tanto en el relato de la guerra con Vladek como en la segunda parte para ver a un Art que se siente impostor ante su éxito y en un juego maravilloso durante la conversación con su terapeuta del uso de máscara y animal dependiendo de cómo se siente cada personaje y cómo se cambia el foco entre uno u otro (con mención a una frase del gran Samuel Beckett).
Es llamativo cómo se entra y sale continuamente del relato de Vladek para dar distancia con el relato y enseñar otras cosas. Es una sensación de respiro, de no estar viviendo tan directamente la historia del padre y también se relaciona con el trauma. A veces este esfuerzo de recordar y contar cansa al padre fÃsica y emocionalmente, ya que es bastante crudo relatando los hechos a su hijo. También hay una sensación de no saber todo con los cambios de versiones, como cuando estuvieron en el estadio con Mala y Vladek, o el abanico de posibilidades ante la muerte del amigo débil de Vladek y cómo este imagina posibles muertes para aquel, ante la incertidumbre de lo que pasó.
Como pincelada final, mencionar el apartado gráfico. El dibujo puede parecer sencillo e incluso puede resultar tierno, pero a la vez es bastante explÃcito en algunos puntos, sobre todo en algunas escenas donde brilla la crueldad de los nazis o los polacos.Hay detalles que plantean un juego interesante como la esvástica en el cruce de caminos y se juega con las palabras o diálogos frente a las imágenes, ya que ambos son complementarios, dando información extra o si alguien no está, se quedan lagunas en el relato, siendo la más obvia lo que vivió Anja.
En Maus encontramos varios conceptos importantes que vertebran
la obra, se repiten y se convierten en algo inseparable de la narración
o que al eliminarlos esta perderÃa potencia. También esta mezcla es lo que hace que Maus
sea algo diferente, más brillante y accesible para más lectores de diferentes edades, ya que
permite abordarlo con una distancia que no te darÃa una biografÃa o una
novela. Por toda esta combinación, Maus es una obra desgarradora donde es casi imposible que algo no te afecte durante su lectura y en la que se agradece que los personajes sean animales antropomórficos para darle un punto de distancia al lector con lo que está experimentado durante su lectura (y que no sucede con la obra de Joe Sacco, que se siente más cercana e incluso asfixiante).
En definitiva, todo un clásico entre los cómics, una lectura imperdible y una obra para describir la historia y para saber hasta dónde ha llevado la discriminación hacia otras personas y evitar que esto siga sucediendo en el presente. ¿ConocÃas Maus o a Art Spiegelman? ¿Qué te han parecido? ¿Lo has leÃdo ya o te animarÃas a hacerlo? ¡Cuéntamelo en los comentarios!Más información:
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